Tenerife en enero: cuando Leiden hiela y tú estás tumbada al sol
España

Tenerife en enero: cuando Leiden hiela y tú estás tumbada al sol

A
Anjo
··9 min de lectura

Un resort en Tenerife en enero no tiene ninguna pretensión de ser otra cosa que un lugar cálido. Fui con la amiga de Ibiza. También subimos al Teide. Fue exactamente lo que necesitábamos.

En enero en Leiden nieva casi todos los años. No siempre mucho —a veces es una capa fina que se deshace antes del mediodía— pero el frío está ahí desde noviembre y en enero ya llevas dos meses cargándolo. El cielo es blanco-gris durante semanas. Las bicicletas aparecen con hielo por las mañanas. El canal frente a mi casa se congela en los bordes.

En esas condiciones, la propuesta de Noor de irse una semana a Tenerife en enero no requería mucha deliberación.

Noor es la amiga de Ibiza —la que compartió habitación conmigo en el hostel en julio, la de la litera de abajo, la que también se levantó pronto para llegar a la cala antes que nadie. Tenemos el mismo sistema: decidir el plan, reservar, ir. Sin comités de deliberación. Eso simplifica mucho las cosas.

Reservamos un resort en el sur de la isla. No un hostel, no un apartamento: un resort, con piscina, con buffet y con hamacas. En julio no lo habría considerado. En enero, con la temperatura de Leiden rozando los cero grados, me pareció la decisión más racional del año.

El frío como argumento

Hay una lógica muy concreta en irse a Canarias en enero que no funciona igual en ninguna otra época del año: el contraste lo justifica todo. En verano, 24 grados en Tenerife son agradables pero no te cambian el estado de ánimo. En enero, después de semanas con cielos que parecen techo bajo, esos mismos 24 grados son otra cosa. El cuerpo lo nota. No de forma dramática —no me convertí en otra persona ni tuve ningún tipo de revelación— pero sí hay algo que se afloja. Como cuando llevas horas con los hombros encogidos sin darte cuenta y de repente te acuerdas de soltarlos.

Salimos de Ámsterdam con 1 grado. Aterrizamos en Tenerife Sur con 22. El trámite dura cuatro horas.

El resort

Lo digo ya, porque conviene establecerlo: yo no soy una persona de resorts. No por ningún principio de viajero auténtico —eso me parece una pose bastante insoportable— sino porque normalmente me interesa más estar en el sitio que en la burbuja que rodea el sitio. En julio quiero calas, callejuelas, mercados. En enero quiero sol y que alguien me traiga agua.

El resort estaba en Costa Adeje. Piscina climatizada, buffet con demasiadas opciones, habitación con terraza al jardín y tumbonas disponibles desde las ocho de la mañana. Había familias con niños, parejas de mediana edad escapando del invierno europeo y grupos de jubilados escandinavos que llegaban al desayuno con una disciplina admirable. Éramos el grupo más joven con diferencia.

Lo que más me sorprendió fue la sociología del buffet. Hay algo en la lógica del todo incluido que revela comportamientos que en otra circunstancia quedarían ocultos. La gente llena el plato con cosas que no va a terminar. Se levanta tres veces. Construye jerarquías invisibles alrededor de las sillas junto a la piscina. Un señor alemán llegaba cada mañana exactamente a las 8:07 y dejaba su toalla en la misma hamaca antes de volver a desayunar. Nunca supe cómo lo hacía para controlar el tiempo con esa precisión sin teléfono en la mano.

Noor y yo llegábamos a las nueve y siempre encontrábamos sitio. En enero el resort no estaba lleno.

El Teide

A mitad de semana alquilamos un coche y subimos al Teide. Eso sí era lo que yo había venido a hacer.

El Teide tiene 3.718 metros. Es el pico más alto de España y, dependiendo de cómo lo midas, el tercero más alto del mundo si empiezas a contar desde la base oceánica. Hay una carretera que sube hasta el Parador, a 2.356 metros, desde donde el volcán ya es una presencia concreta: negro, rojo oxidado, sin vegetación. El paisaje en esa altura es de otra categoría. No el paisaje verde y suave del norte de la isla —palmeras, dragos, barrancos— sino algo que parece trasplantado de otro planeta. Rocas volcánicas de formas imposibles. El suelo con colores que van del negro al amarillo azufre. Silencio.

Hicimos el sendero hasta la base del cono superior, el Montaña Blanca. Son unos cinco kilómetros desde el aparcamiento, con desnivel progresivo. En enero hay nieve en las partes altas y el frío es real —llevamos capas, no nos fiamos de los 24 grados del resort. Bien hecho.

El teleférico sube hasta los 3.555 metros, pero estaba cerrado ese día por viento. No importó. Caminamos hasta donde se podía, nos sentamos a comer lo que habíamos llevado —sándwiches y fruta que compramos en un supermercado en Santa Cruz la tarde anterior— y estuvimos un rato mirando el cono desde abajo.

Hay algo extraño en estar de vacaciones en un resort y al día siguiente estar a 3.000 metros sobre el nivel del mar con viento y nieve. No contradictorio —compatible. Que un viaje tenga los dos extremos me parece más honesto que fingir que solo te interesa uno.

El norte de la isla

El último día cogimos el coche de nuevo y bajamos al norte. Hay una diferencia de paisaje entre el sur y el norte de Tenerife que merece el trayecto: el sur es seco, árido, el territorio de los resorts y las playas negras de arena volcánica. El norte es verde, húmedo, con laurisilva en las zonas altas y pueblos que no están organizados para el turismo masivo.

Paramos en La Orotava. Plaza central, casas con balcones de madera tallada, una tranquilidad que en el sur no existe. El mercado cubierto tenía fruta de la isla a precios razonables —plátanos canarios que no tienen nada que ver con los que compro en Leiden, mangos, papayas. Compramos más de lo que podíamos llevar en el avión.

En el puerto de La Cruz tomamos café. Noor pidió uno con leche; yo, agua. El camarero no preguntó nada.

Una semana bien usada

Volví a Leiden el sábado. El domingo nevó.

Lo que me llevo de Tenerife en enero no es el resort, ni siquiera el Teide: es la idea de que hay viajes que no necesitan justificarse con cultura ni con descubrimiento. A veces el argumento es simplemente el sol. Y el sol, en enero, en Leiden, es un argumento de mucho peso.

Precios básicos (enero 2026)

ConceptoPrecio aprox.
Vuelo Ámsterdam–Tenerife Sur (ida y vuelta)90–150 €
Resort todo incluido (por persona y noche, 7 noches)65–90 €/noche
Alquiler de coche (2 días, entre 2)22–30 €/día
Parking en el TeideGratuito (zona Parador)
Teleférico Teide (cuando abre)29 €
Café en La Orotava1,50 €
Supermercado para picnic8–12 €

Presupuesto diario real en enero con resort todo incluido: entre 90 y 120€ con el vuelo amortizado. Si no haces el todo incluido y optas por apartamento y cocina, bajas a 45–65€. En enero los precios son los mejores del año: no hay temporada alta, los vuelos son baratos y los resorts tienen disponibilidad.

!Vista del Teide desde el Parque Nacional *Foto: Unsplash*

#tenerife#españa#canarias#invierno#resort#teide#viaje con amiga
A
Anjo·2 artículos·0 seguidores·

Nació en Leiden. Estudió Psicología. Habla seis idiomas y vivió un año en Granada, lo que explica casi todo lo demás.

¿Te ha sido útil? Compártelo

📬

La newsletter del mochilero

Cada semana: una ruta, un destino, un truco de viaje y las mejores ofertas que encuentro.

Sin spam. Solo viajes. Más de 5.000 mochileros ya la reciben.

Puedes darte de baja en cualquier momento. Sin compromisos.