Nueve días sin Florencia. Una base en Siena, coche alquilado, Pienza, Montalcino, San Gimignano y Volterra. Lo que pasa cuando le das tiempo a un territorio que lo merece.
Hay dos maneras de hacer la Toscana. La primera implica coger un tren desde Roma, pasar dos días en Florencia, tomarse una foto en el Ponte Vecchio y volver. La segunda implica alquilar un coche, perderte por carreteras comarcales entre cipreses y viñedos, y aceptar que vas a comer bien a diario sin que eso sea una sorpresa sino una obligación estructural del territorio.
Hice la segunda. Nueve días, sin Florencia — ya la había visto, es impresionante y también es un parque temático de sí misma desde las ocho de la mañana. Una base en Siena, coche alquilado, pueblos pequeños y la sensación constante de que los italianos han resuelto algo fundamental sobre la relación entre el tiempo y la comida que el resto del mundo ni ha empezado a plantearse.
La Toscana es cara si te dejas llevar. Es razonable si sabes dónde comer y tienes claro que el objetivo no es ver cosas sino estar en sitios.
Siena, mejor que Florencia para quedarse
Siena no está en el camino de nada. Hay que ir a propósito. Y eso, paradójicamente, es lo que la salva. La ciudad no vive del turismo de paso — vive de sus propios vecinos, de sus contradas, de una rivalidad interna entre barrios que lleva siglos funcionando y que se materializa en el Palio dos veces al año.
Il Campo, la plaza principal en forma de concha, es de las pocas plazas de Europa donde la gente se sienta en el suelo de manera natural y no parece forzado. El Duomo tiene uno de los pavimentos de mármol más elaborados que he visto. Entrar cuesta unos 8€ y merece cada céntimo.
Come en cualquier trattoria que no tenga el menú en cuatro idiomas en la puerta. La ribollita — un guiso de pan, alubias y verdura que debería ser patrimonio de la humanidad y quizás lo es — aparece en casi todas.
Pienza y el Val d'Orcia
El Val d'Orcia es el paisaje que imaginas cuando piensas en la Toscana: colinas suaves, cipreses en fila, algún caserío solitario contra el horizonte. Es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y tiene sentido — es uno de esos lugares que parece diseñado pero no lo está.
Pienza es el pueblo en el centro de todo eso. Pequeño, ordenado, con una catedral del siglo XV y varias tiendas de pecorino que compiten entre sí con una intensidad que solo entiendes cuando pruebas el queso. El pecorino fresco de Pienza es diferente al que conoces: más húmedo, más suave, casi dulce. El curado con trufa es otra categoría.
Aparca fuera del pueblo (gratis) y entra a pie. Las calles son para caminar, no para buscar dónde girar.
Montalcino y el Brunello
Montalcino es un pueblo de unos 5.000 habitantes que produce uno de los vinos más valorados del mundo. El Brunello di Montalcino envejece un mínimo de cinco años antes de salir al mercado, y cuando lo pruebas en una cantina del propio pueblo entiendes por qué cuesta lo que cuesta. También existe el Rosso di Montalcino, el hermano menor: más joven, más accesible y igual de interesante para entender el territorio.
Hay una docena de enoteche en el centro. Entra en la que menos carteles turísticos tenga en la puerta y pide una copa de Rosso para empezar. Si la conversación fluye — y fluirá — acabarás con una tabla de embutidos delante y el propietario explicándote algo sobre añadas que no pediste pero que no te molesta escuchar.
San Gimignano, el turístico con razón
Sí, hay cruceristas. Sí, hay colas en las heladerías. Sí, las torres medievales que dan fama al pueblo aparecen en camisetas a 12€ en cada tienda.
También es cierto que las torres — quedan 14 de las 72 originales — son genuinamente impresionantes, que la Vernaccia di San Gimignano es seca y mineral y muy buena, y que si llegas un martes por la mañana fuera de temporada alta casi tienes las calles para ti.
Ve, pero no te quedes a dormir ahí. Hay pueblos más tranquilos a 20 minutos en coche.
Volterra, la que se queda fuera de los itinerarios
Volterra no sale en la mayoría de guías. Es más austera que Siena, con un paisaje alrededor que tiene algo de lunar. Trabaja el alabastro desde la época etrusca — literalmente desde la época etrusca — y tiene talleres donde puedes ver cómo se hace.
El Museo Guarnacci guarda una colección etrusca que, si te interesa la historia antigua, te deja una hora parado frente a urnas funerarias del siglo III a.C. pensando cosas. La pizzería que está en la Via Gramsci, frente a la farmacia, hace una pizza al horno de leña que costaba 9€. Sin nombre visible en la puerta, solo una pizarra.
En la cantina de Montalcino
Entré porque el local era pequeño y no había nadie con cámara. Chapurreé algo sobre la *differenza tra Brunello e Rosso* y el hombre detrás de la barra, que tendría sesenta y tantos años y llevaba un delantal sin ninguna ironía, me miró como si acabara de hacer la pregunta correcta.
Cuarenta y cinco minutos después tenía cuatro copas vacías delante, un plato de finocchiona y lardo que no había pedido y la sensación de haber recibido una clase magistral impartida en un italiano que entendía al 70%. El otro 30% lo completaban los gestos y el vino.
Al final me dijo *"Spagnolo, torni l'anno prossimo"* — vuelve el año que viene — como si fuera un acuerdo entre los dos.
La cuenta fueron 22€. Intenté dejar propina. La rechazó dos veces y al tercero la aceptó como si estuviera haciéndome un favor a mí.
Precios básicos
| Concepto | Precio aprox. |
|---|---|
| Noche en hostel / B&B Siena | 38–55€ |
| Alquiler de coche (día, seguro incluido) | 40–65€ |
| Menú del mediodía en trattoria | 14–22€ |
| Copa de Brunello en enoteca | 9–16€ |
| Botella de Rosso di Montalcino (tienda) | 12–20€ |
| Tabla de embutidos y pecorino | 10–16€ |
| Bistecca fiorentina (ración mínima ~600g) | 28–42€ |
| Gelato artesanal | 2–3€ |
Presupuesto diario en modo ahorro: 70–90€. En modo sin renunciar a nada: 130–160€. El coche de alquiler es imprescindible y será tu mayor gasto fijo — compártelo si puedes.
!Val d'Orcia, Toscana *Foto: Eleonora Albasi · Unsplash*
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