Oktoberfest 2026
Del 19 de septiembre al 4 de octubre de 2026 · 16 días · Múnich
La Theresienwiese es una explanada en el centro de Múnich que once meses al año sirve de aparcamiento y zona verde. En septiembre y octubre se convierte en algo que no se parece a nada más. Cuarenta carpas, algunas con capacidad para diez mil personas sentadas, música de banda en vivo a partir de las doce del mediodía, y cerveza servida en jarras de un litro —el Masskrug— que los camareros transportan de seis en seis con una destreza que merece su propia olimpiada.
El Oktoberfest 2026 arranca el sábado 19 de septiembre y cierra el domingo 4 de octubre. Son dieciséis días con sus noches, aunque las noches de entre semana son considerablemente más tranquilas y considerablemente más baratas que los fines de semana.
El disparo de salida
O'zapft is!
El primer sábado, el alcalde de Múnich abre el Oktoberfest con una sola frase: "O'zapft is!" —"¡Está abierto!"— en el momento exacto en que golpea el primer grifo de la primera barrica de la carpa Schottenhamel. Por tradición, lo hace a las doce del mediodía y el número de golpes que necesita para abrir la barrica se toma como augurio del año. Menos de diez golpes es señal de buen año; más es motivo de burla educada en los periódicos bávaros.
Hasta que el alcalde no abre ese primer grifo, no se sirve cerveza en ninguna carpa del recinto. Ni una. Es el único momento en que seis millones de personas contienen el aliento al mismo tiempo.
El momento culminante
El último brindis
El último domingo a medianoche, las bandas de todas las carpas tocan "Ein Prosit" —el himno no oficial del Oktoberfest, que suena de media cada veinte minutos durante toda la fiesta— por última vez. Las jarras se levantan, se brindan, y los camareros empiezan a recoger mientras la gente no acaba de querer marcharse.
No hay un ritual tan marcado como el Pobre de mí de Pamplona o el Apagao de Sevilla, pero quien ha estado dentro de una carpa en el último Prosit del año sabe que hay algo en ese momento que no se puede fingir: dieciséis días de música, cerveza y ochenta mil personas al día dejan un tipo de cansancio satisfecho que no tiene traducción directa al español.
En qué consiste
El Oktoberfest no es un festival de cerveza en el sentido moderno de la palabra. Es una feria. La distinción importa porque explica por qué hay atracciones, tiovivos, puestos de pollo asado y familias con niños pequeños mezclados con grupos de australianos en lederhosen alquilados.
Las carpas son el corazón del asunto. Cada una está gestionada por una de las seis cervecerías tradicionales de Múnich: Augustiner, Hacker-Pschorr, Hofbräu, Löwenbräu, Paulaner y Spaten. Dentro de cada carpa, la cerveza es exclusivamente de esa cervecería. La única forma de sentarse en una mesa reservada es haberla reservado con meses de antelación; el resto de los asientos son de libre acceso si llegas antes de que se llenen, lo que en fin de semana significa antes del mediodía.
La cerveza que se sirve durante el Oktoberfest es una elaboración especial, el Märzenbier, con más cuerpo y más graduación que la cerveza habitual bávara. El Masskrug —la jarra de un litro— es la única medida disponible para la cerveza durante el festival. No existe el medio litro. O el litro o nada.
Antes de ir
Reserva mesa con al menos seis meses de antelación si quieres sentarte en una carpa en fin de semana. Las reservas se abren en enero y las carpas grandes se llenan en días. Sin reserva, la única opción es llegar antes de las once de la mañana y esperar a que haya sitio libre. El sistema funciona, pero requiere paciencia y no garantiza nada.
El lederhosen o el dirndl no son disfraz. En Múnich, llevar la ropa tradicional bávara durante el Oktoberfest es lo normal. Alquilar un conjunto decente cuesta entre 40 y 80 euros; comprarlo, entre 150 y 400. Vale la pena: te toman en serio, los camareros te atienden mejor y entras sin drama en las carpas más concurridas.
Entre semana de la segunda semana es el mejor momento para ir si quieres ambiente sin caos. Los lunes y martes de la segunda semana tienen la mitad de afluencia que un sábado, los mismos precios y la misma música. La experiencia es prácticamente idéntica sin el factor masa.
El precio de la jarra oscila entre 14 y 16 euros según la carpa y el año. Presupuesta entre 40 y 60 euros en bebida por día si vas a estar dentro de una carpa varias horas. El pollo asado —Hendl— es obligatorio y cuesta unos 15 euros. No hay forma económica de hacer el Oktoberfest y tampoco tiene mucho sentido buscarla.
¿Sabías que…?
El primer Oktoberfest no tuvo nada que ver con la cerveza. Fue en 1810, para celebrar la boda del príncipe Luis de Baviera con Teresa de Sajonia-Hildburghausen. Hubo carreras de caballos, la gente lo pasó bien y alguien decidió repetirlo al año siguiente. Doscientos dieciséis años después, siguen repitiendo.
Los camareros de las carpas grandes son figuras casi mitológicas. Una camarera experimentada puede transportar hasta catorce Masskrug de un litro al mismo tiempo —siete en cada mano— sin derramar una gota. El peso total de esas jarras llenas supera los veinte kilos. Muchos de ellos llevan décadas trabajando el mismo puesto en la misma carpa.
El Oktoberfest atrae a seis millones de visitantes cada año y genera en torno a 1.300 millones de euros para la economía de Múnich. Sin embargo, más del setenta por ciento de los asistentes son alemanes o europeos. La imagen de festival de turismo internacional es real pero no tan dominante como parece desde fuera.
La Augustiner es la única cervecería del Oktoberfest que sigue sirviendo la cerveza desde barricas de madera en lugar de los modernos sistemas de presión. Muchos bávaros consideran que es la mejor cerveza del festival, precisamente por eso. La carpa de Augustiner es también la única que no acepta reservas: es por orden de llegada y solo eso.